Cuento: La historia de Iván

  • por
cómo superar la soledad - complementos para la soledad

En un lugar de Colombia, cerca de la cordillera de los Andes, vivía desde hacía muchos años una tribu indígena. Eran reconocidos por otras tribus como personas sencillas y pacíficas, hasta que un día un grupo de jóvenes se reunió en asamblea y tomó una terrible decisión: ¡expulsar del poblado a todos los ancianos!

Los arrogantes muchachos  decidieron que los viejecitos  se habían convertido en un estorbo para el buen funcionamiento de la comunidad. ¡¡¡Ya no servían para cargar con los sacos de semillas!!! Y además, a muchos se les tenía que ayudar, incluso para comer o asearse.

El cabecilla aseguró con rotundidad, “por estas razones, tenemos que expulsarlos para siempre de nuestro poblado”

Todos los demás jóvenes se quedaron callados, por miedo a las represalias de esos desalmados, tan solo un chico bueno, generoso y valiente llamado Iván creyó que se estaba cometiendo una gran injusticia y se rebeló contra los demás:

“¿Estáis locos?… ¡Eso es una auténtica barbaridad, no lo voy a permitir! A nuestros abuelos les debemos todo lo que somos, todo cuanto sabemos y tenemos. Ellos  siempre nos han cuidado, nos han ayudado y ahora nos toca a nosotros devolverles esos cuidados con amor y respeto, como nos han enseñado con su ejemplo”

Desgraciadamente ninguno hizo amago de apoyar a Iván y con gran tristeza vio horrorizado cómo los ancianos eran expulsados de sus hogares.

“¡Esto es una injusticia! Nadie se merece que le traten así, y menos a ellos”

Mientras se alejaban, solo quedaba un tremendo rastro de tristeza e Iván no pudo contenerse y salió corriendo detrás de ellos hasta alcanzarlos.

“¡Esperad, por favor, esperad! Dejadme ir con vosotros, yo puedo ayudaros y protegeros en momentos de peligro. Además, conozco un lugar donde la tierra es fértil, ideal para cultivar y donde podemos vivir en paz”

El hombre de mayor edad le sonrió con ternura y agradecimiento y como era de esperar, acepto su propuesta en nombre de todos.

“Por supuesto que sí, Iván. Eres una buena persona, estamos muy agradecidos por tu ayuda y tu compañía”

Tras varias horas caminando, llegaron a un precioso valle, rodeado de montañas. ¡El esfuerzo había merecido la pena! y decidieron refrescarse en el hermoso rio que cruzaba el nuevo poblado.

Los ancianos, le agradecieron, una vez más, su ayuda. Ahora podían comenzar una nueva vida y con energías renovadas les dijo a todos,

“¿señores, a qué estamos esperando?… ¡a trabajar!”

Durante semanas trabajaron y ayudaron todos en la construcción del nuevo poblado, Iván con su fuerza y vitalidad y los ancianos con su experiencia y paciencia.

Trabajan con tanta alegría, que apenas sin darse cuenta, habían conseguido casas nuevas para todos.  

Y mientras, en el poblado antiguo… como los jóvenes que tomaron el mando no tenían ni idea de responsabilidades, ni de organización, ni de compromiso, y como tampoco había posibilidad de recibir los remedios medicinales que los ancianos conocían ¡lo único que consiguieron fue crear un gran caos!

Y así siguieron durante varios años, Iván vivía una vida feliz con los ancianos, pero… echaba de menos tener su propia familia. Por eso, decidió expresarles sus sentimientos.

– Queridos amigos, sabéis que vivo feliz con vosotros, pero últimamente siento la necesidad de forma una familia con una mujer e hijos. Quiero pediros permiso para regresar al pueblo de los jóvenes y quizás allí pueda conocer una chica especial

Aunque les daba pena que se marchara, todos, le dieron su aprobación y le desearon el mayor éxito para su nueva empresa.

Al despedirse Iván les dijo: “¡Gracias, os llevo en mi corazón!”

Iván se dirigió a su antigua aldea y al llegar no puedo evitar recordar emocionado los buenos tiempos de su niñez.

Una vez pasada esa primera emoción, se dio cuenta de que las cosas no estaban como antes, todo estaba destartalado, viejo, sucio, se dijo “¡Me temo que algo raro está pasando!”

Mientras estaba intentando descifrar lo que pasaba, un grupo de hombres se abalanzo sobre él y le ataron a un árbol

El cabecilla grito, “anda mirad, pero si es Iván el traidor. ¿Cómo te atreves a volver a nuestro poblado? Bueno, ahora vamos a celebrarlo y mañana pensaremos que hacemos contigo”

No le dejaron ni responder, le amordazaron, le dejaron atado al árbol y se fueron a comer y beber sin medida

Iván trató de liberarse, pero era imposible ¡las cuerdas apretaban demasiado!

En ese instante, una bella mujer que, desde lejos, había visto lo que sucedía , se acercó sigilosamente a él y  muy bajito le dijo

“Iván, me acuerdo de ti. Bueno, en realidad todos te recordamos y hablamos mucho de ti, sabemos que no hicimos bien dejándote solo, pero nos daba miedo y hemos vivido sufriendo los caprichos de estos barbaros, cada vez somos mas pobres y hay mas peleas, la gente no sonríe… estamos muy tristes.

Y por qué no os subleváis

No podemos, van siempre armados y son muy agresivos, ya hemos visto muchas cosas desagradables…

Yo os voy a ayudar, es hora de parar tanta injusticia. Ayúdame a soltarme y te cuento mi plan.

La mujer puso toda su confianza en Iván y sin dudarlo cortó las cuerdas que lo ataban y se dirigieron, sin hacer el menor ruido, hacia su choza

Allí estaba su hermano pequeño al que le pidieron que avisara a todos los vecinos de confianza y les diera el siguiente recado: cada uno de ellos tenía que traer una rama de ortiga.

No tenían ni idea de lo que pretendía Iván, pero hartos ya de tanto despropósito, esta vez decidieron obedecer sin rechistar; y se fueron en busca de los dictadores.

Los encontraron tirados en el suelo, profundamente dormidos.

Iván les dijo, “esta es nuestra oportunidad, vamos a desnudarles y cuando el frio de la noche les despierte, les estaremos esperando”

Cuando se despertaron tiritando de frio, se encontraron que estaban rodeados de un montón de personas con cara de pocos amigos, y lo peor de todo, con una ortiga en la mano ¡ahora si que no había escapatoria!

Entonces, Iván alto y claro les dijo:

“Hace años cometisteis una tremenda injusticia con nuestros mayores, os portasteis muy mal con ellos y encima solo habéis conseguido atemorizar y arruinar a nuestro querido pueblo. ¡Sois unos auténticos irresponsables!  Y si no queréis represalias por nuestra parte, solo os pedimos que reconozcáis el error y que os disculpéis ahora mismo con todos”

Los hombres se miraron aterrados y sin dudarlo ni un segundo: se pusieron de rodillas suplicando el perdón entre lagrimones.

“A partir de ahora respetaréis a todas las personas y trabajaréis en beneficio de la comunidad hasta que el pueblo vuelva a florecer como antes”.

El resto del pueblo era una explosión de alegría, todos se felicitaban y abrazaban y pedían a gritos que volvieran los abuelos.

Iván les prometió, en cuanto salga el sol iremos a por ellos.

Tres días después, los abuelitos regresaron a su pueblo de origen y fueron recibidos con aplausos, abrazos y besos. La felicidad que ese día se vivió en el poblado es un recuerdo que permanece fijo en los corazones de todas las personas.

¡Al fin todo volvía a ser… mejor que antes!… Iván, fue elegido gobernador del pueblo y cumplió su sueño de formar una familia, a que imagináis con quién?

Dice la historia que formaron una familia numerosa y fueron felices para siempre.

Adaptación del cuento popular de Colombia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Responsable: Anabel Fernández Medina
Finalidad: La finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales que te solicito es para gestionar la consulta que realizas en este blog.
Legitimación: Tu consentimiento explícito de que quieres recibir esta información
Destinatarios: Los datos que me facilitas están en mi servidor de web y email OVH y en los servidores de Google Drive, todos ellos que cumplen con la RGPD
Derechos: Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en info@condimentosparalasoledad.com así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control.